antecedentes

"Las imágenes de muerte y violencia pueden detonar reacciones y sentimientos contradictorios u opuestos: un clamor a salir a la calle, un llamado a la paz, un grito de venganza, un NO salir a la calle por temor. No obstante, ser el testigo tras la pantalla de todo el sufrimiento se ha convertido en una experiencia propia de la modernidad, la guerra con sus imágenes y sonidos atroces son el ruido de fondo de las salas de estar y saturan los portales de noticias y el feed de distintas plataformas, es más de la cotidianidad de una cultura donde la conmoción se ha vuelto una parte esencial en el estímulo al consumo y la generación de valor."
(Duarte, 2019:57)
La necesidad de avanzar en el entendimiento de las formas de articulación protesta y resistencias de las subjetividades juveniles priorizadas, debe partir no solo del reconocimiento de los diferentes ejercicios académicos producidos en el escenario de la institucionalidad académica, sino también de los diferentes “mensajes” que han venido agenciando los jóvenes no solo en contenedores territoriales-políticos-administrativos donde habitan, sino a través de redes online y offline con alcance a escalas glocales plagadas de "espacios afectivos expandidos" que tienen como pegamento el malestar, la causa, el mensaje, la necesidad de “interrumpir” y hackear el sistema.
En este sentido, en el presente marco de antecedentes no solo se intentará develar las perspectivas teóricas y metodológicas utilizadas en las diferentes investigaciones o ejercicios académicos similares realizados por autores que practican estudios culturales o que transitan entre la antropología, la sociología, la ciencia política y la estadística, sino que también se hará alusión algunas experiencias de subjetividades juveniles que han venido agenciando su mensaje a través de las redes digitales en Colombia.
De los ejercicios académicos interesa hacer énfasis en las formas como fueron resueltas las preguntas de investigación, los territorios en los que se realizaron investigaciones afines y los conceptos centrales utilizados en dichos estudios; por otra parte, de las experiencias identificadas en las redes digitales, inicialmente pretendo dar cuenta de los perfiles que sirvieron como punto de acercamiento al tema de investigación.
SOBRE LO ESCRITO: PRINCIPALES APORTES METODOLÓGICOS Y CONCEPTUALES
“Los movimientos sociales crean nexos cooperativos que potencian su relativa autonomía gracias a las tecnologías de uso abierto, otros modos de hacer lo común, lo que Rossana Reguillo llama “espacio público expandido”, “zonas de intensificación afectiva”, conversaciones no descondicionadas –a menudo espiadas, capturadas, pero que amparan acciones desobedientes a programaciones ajenas–…”
(García, 2020:108)

Las diferentes investigaciones o documentos académicos priorizados dentro del presente marco de antecedentes se caracterizan por partir de estudios de caso o análisis de experiencias vitales en las que los investigadores participaron de diversas formas (en algunos casos de manera activa, en otras como observadores), en este sentido, las diferentes reflexiones escritas se convierten en la apuesta por conceptualizar experiencias vitales, identificar rupturas en las formas como desde la academia se analizan este tipo de procesos y proponer nuevas miradas para estudiar los cambios de la sociedad actual en el marco de los avances de las redes digitales.
Los trabajos identificados tienen múltiples formas de abordar el malestar social expresado a través de las movilizaciones presenciales o virtuales y las acciones online y offline que ejecutan las diferentes subjetividades. Desde los ejercicios que reflexionan en términos generales sobre cómo "la modernidad está siendo desbordada" (Appadurai, 2001), "los efectos de la digitalización, la política y la inteligencia artificial" (Girardi, 2019) y la posibilidades o no, de que "los ciudadanos sean reemplazados por los algoritmos" (García, 2020), hasta estudios que se ocupan por entender los tránsitos "de la red a las calles" (Rivera, 2014), de las "redes a las plazas: la web 2.0" (Rovira-Sancho, 2013), o aquellos que se dieron a la tarea de estudiar casos prácticos en Venezuela (Duarte, 2019), España (Arnau, 2015 y México (Reguillo, 2015). También hay un número significativo de estudios que se concentran en develar el plan de estas "insurgencias" (Arditi, 2011), la relación "crisis y vida cotidiana de las subjetividades juveniles" (Reguillo, 2004) y la configuración de los "paisajes de la insurrección" (Reguillo, 2017).
La información que constituye el presente marco de antecedentes será presentada en 4 ejes de trabajo que se convierten en la base contextual y conceptual de este trabajo de investigación.
EJE 1. PRECARIEDAD E INSEGURIDAD: CIUDADANÍA ROTA
"La noción de crisis se ha convertido en una especie de mantra al que se apela para explicar, sin explicar, los problemas que afectan a una Sociedad, a un grupo, a una persona. Crisis es ya un sustantivo cotidiano que alude a casi cualquier obstáculo o a las percepciones de un obstáculo que irrumpe el flujo “normal” de los acontecimientos."
(Reguillo, 2017:18)

Néstor García Canclini (2020) realiza un magistral ejercicio teórico sobre la resignificación del concepto de ciudadanía en contexto actual en el que predominan los algoritmos y donde factores como la precariedad y la inseguridad no solo se presentan como las fallas del sistema socioeconómico, sino como el combustible que moviliza "desciudadanización", despolitización y desglobalización principalmente de los jóvenes. En términos metodológico este trabajo está estructurado a manera de ensayo (ensayo-error-rectificación y reflexión abierta sobre lo que rectificamos) y como resultado de la investigación interdisciplinaria que se lleva a cabo en el Centro María Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias.
El autor se centra en los dilemas críticos de las acciones ciudadanas, de su potencia o frustraciones, y en los procedimientos con que los que se estudian e interpretan los cambios de sentido civilizatorio; para lo cual desarrolla dos líneas explicativas: el determinismo biotecnológico y la historia crítica de las mediaciones y apropiaciones sociotecnológicas, de los medios masivos a las redes digitales. (García, 2020:17). Para efectos de mi interés académico destaco 5 conceptos claves por su aporte a la presente investigación: a) Incertidumbre, b) Desciudadanización, c) Resistencias heterogéneas, d)Lo público, y e) Hackear.
La incertidumbre sobre el futuro y la inestabilidad del presente caracterizan las formas de relacionamiento de los jóvenes, los cuales ante la imposibilidad de obtener trabajo estable y pasar largos periodos cesantes, sin ser aceptados, amplifican esa experiencia de sentirse prescindible y como “el futuro es tan incierto es mejor vivir al día" (García, 2020:64). Esta incertidumbre e inestabilidad hace que la vida se organice alrededor de una “serie de proyectos” donde ya no es necesario tener una profesión sino estar disponible para ofertar un servicio, lo que a la postre conducen a un doble fenómeno: por un lado se profundiza la desafección hacia instituciones estabilizadas como los partidos o sindicatos, y por otra parte, la duración de los movimientos sociales en los que se confía es cada vez más corta (García, 2020:73).
Este contexto nos conecta con el concepto de “desciudadanización” con el cual el autor hace alusión a la perdida de sentido clásico de la palabra ciudadanía, lo que no implica necesariamente una desaparición de los ejercicios ciudadanos de movimientos feministas, vecinales o estudiantiles. De acuerdo con el autor, ser ciudadano no significa ya lo que fue o se imaginó en etapas anteriores del capitalismo. Este proceso de “desciudadanización” puede ser explicado a través de tres razones: a) la elitización de los partidos y su desconexión de las bases sociales, b) la mercantilización de los medios que reduce su función social y c) la percepción ciudadana de que las protestas y penurias no son escuchadas por los poderes públicos. (García, 2020:36). Posteriormente, el autor, de manera categoría afirma que no hay forma más radical de “desciudadanización” que los asesinatos de quienes reivindican derechos –ecológicos, sociales o de tierras despojadas– y su ocultamiento en fosas sin registrar sus identidades, ni permitir que se investiguen delitos (García, 2020:109).
La “desciudadanización” nos conecta con el concepto de “resistencias heterogéneas” que parte de reconocer que a pesar de la existencia de partidos debilitados y poco creíbles, economías materiales y simbólicas centralizadas que nos dispersan en agrupamientos donde las protestas se diluyen, a menudo, en simulacros de participación es necesario trascender esa mirada monolítica unificada que pretende homogenizar la visión de la organización social de la ciudadanía(García, 2020:117). Desde esta óptica el autor realiza una invitación a explorar “qué hacer como diferentes” aceptando la incertidumbre de las diferencias y concibiendo las diferencias como simultáneas, integradas jerárquicamente por los biologismos, economicismos o tecnocratismos desigualadores. (García, 2020:119).
Los dos últimos conceptos sobre los que se quiere hacer énfasis en el presente marco de antecedentes se refieren a la noción que emerge de lo público y el hackeo. Desde esta óptica al estar cuestionado el sistema político y económico actual, también se cuestiona el sentido de lo público, ese lugar imaginario donde quisiéramos conjurar o controlar el riesgo de que todo "esté permitido”, ese espacio que nos permite encontrarnos con los otros sin destruirnos (García, 2020:56) y ante las profundan desigualdades, la precarización de las condiciones de vida de los jóvenes y la desesperanza empieza aumentar la necesidad de hackear el sistema y posibilitar otros escenarios descargas libres de información y uso asistémico o informal de los recursos para beneficio propio o de microcomunidades alternativas (García, 2020:77).
EJE 2. ESPACIO PÚBLICO EXPANDIDO: DE LA CALLE A LA RED Y DE LA RED A LA PLAZA
"La emergencia de un espacio público expandido: Esfera globalizada y multiescala del espacio público, propiciada por la aceleración tecnológica y la mundialización de la cultura, que favorece la circulación constante de flujos informativos y de representaciones e imaginarios compartidos con potencia orientadora. El espacio público expandido es, pese a los controles y los nervios alterados del sistema, el territorio de las subjetividades insurrectas que han abierto un boquete a las formas convencionales de participación y han hecho suyas las plataformas y los enlaces. El otoño de los medios y los lugares de habla convencionales se enfrenta al florecimiento y la polinización de nuevas formas de nombrar y estar en el mundo."
(Reguillo, 2017, 82)

Rovira-Sancho(2013) realiza una análisis de los ciclos de protesta hasta el 2013 y los efectos que fue generando la evolución de la herramientas virtuales hasta llegar a los que denomina “la Web 2.0” en la que se evidenciaría una especie de salto de las redes sociales a las plazas y calles. Sin abandonar completamente el concepto de movimiento social, incorpora a la “red activista” como un nuevo actor colectivo que se desarrolla a través de una hibridación de medios y modalidades en las que es imposible diferenciar lo que ocurre en el ciberespacio y lo que ocurre en la plaza o la asamblea, ya que sus acciones forman parte de una misma experiencia de lucha compleja (Rovira-Sancho, 2013: 131).
En este trabajo la autora realiza una especie de genealogías de como las “causas sociales” se fueron apropiando de las tecnologías de la información, es por esto, que parte desde la red transnacional de solidaridad inaugurada en 1994 por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas a través de correo electrónico y de la Web, luego transita hacia las acciones lideradas por el grupo ciberactivista Wikileaks en 2010 y posteriormente menciona un número importantes de acciones [1] que dan cuenta como la Internet “es una plataforma que permite a los activistas salir del ghetto, tanto directa como indirectamente, influenciando los medios masivos, y por tanto incidiendo en la transformación del sentido común de una sociedad” (Rovira-Sancho, 2013: 107). La principal hipótesis expuesta por esta autora es que todas las protestas analizadas comparten como características comunes que son redes activistas que aparecen como "enjambres" de individuos que confluyen en el espacio público así como en el ciberespacio demandando y ejerciendo una democracia anhelada, protestando contra el estatus quo. (Rovira-Sancho, 2013: 107).
En las elaboraciones empíricas realizadas por la autora se destacan los conceptos “movilizaciones heterogéneas” y “ética hacker”; con la primera quiere hacer alusión a la calidad difusa y contingente de las protestas, en la cual cada punto puede conectarse con cualquier otro, donde no existe un traductor lingüístico universal, sólo hay argot y dialectos y por tanto, la apropiación de significados y creación de sentidos diversos la realizan los participantes a título individual(Rovira-Sancho, 2013: 114).
Frente al concepto de la ética hacker o el hackctivismo (de la unión de hacker y activista), la autora lo relaciona con dos elementos, la primera, es la actuación de estas personas como nube de mosquitos o enjambre, sin necesidad de una estructura organizativa centralizada y la segunda, es la constitución de unas “comunidades de práctica”, es decir: grupos de individuos que comparten intereses, valores y creencias, que se definen por criterios de distintos tipos, por proyectos científicos, culturales, políticos, y que forman fuertes vínculos (Rovira-Sancho, 2013: 130 y 116)
Por otra parte, Raúl Rivera (2014) al analizar la experiencia #yosoy132 que surgió en México desde la Universidad Iberoamericana en protesta al proyecto político liderado por Enrique Peña Nieto, quien para el momento aspiraba ser presidente. esa búsqueda de los jóvenes mexicanos por construir un imaginario político alternativo confrontó y desestabilizó la institucionalidad política electoral mexicana y las grandes empresas de comunicación a partir del uso de las redes sociales y el posterior tránsito hacia un activismo en las calles que permitió el involucramiento ciudadano en asuntos públicos.
[1] “la toma de las plazas ha sido una clave en muchas de estas protestas: el 15M español dice querer invocar la Plaza Tahrir de El Cairo en el centro de Madrid, la Qasba de Túnez y la Plaza de la Perla de Manama, Bahréin. En Londres se plantaron 200 carpas ante la Saint Pauls Cathedral. En Grecia el 25 de mayo una convocatoria anónima a través de redes sociales llenó la Plaza Sintagma, en el centro de Atenas. La mayor movilización de la historia de Israel se dio en el boulevard Rothschild en Tel-Aviv. La ocupación de Wall Street en Nueva York se extendió a más de mil ciudades de Estados Unidos. En Chile los estudiantes en lucha contra la privatización de la educación convergieron en las calles. Lo mismo ocurrió en México en 2012 con #YoSoy132” (Rovira-Sancho, 2013: 112).
EJE 3. INTERRUMPIR LA NORMALIDAD: CONCEPTUALIZAR LA EXPERIENCIA VIVIDA
“Pocas son las veces en que la contra-publicidad irrumpe en el dominio común (en las calles, en los medios masivos), puesto que, por sí misma, la proliferación de contra públicos subalternos no conduce a la multiplicación de fuerzas o a la transformación política. Se necesita el catalizador, la chispa, el símbolo detonador de la movilización de los cuerpos, su confluencia en el espacio público y la consecuente incursión en los grandes medios masivos que continúan siendo hoy los instrumentos decisivos para llegar a transformar a la sociedad –son todavía “la metared de redes de comunicación, las redes que procesan los materiales ideacionales con los que sentimos, pensamos, vivimos presentamos nuestras ideas y luchamos”, diría Castells” (Rovira-Sancho, 2013: 108)

Andrea Duarte (2019) en su tesis para optar por el título de Magister en Estudios Culturales realiza una interesante reflexión sobre los "no-lugares" e "imagenarios" de las protestas en Venezuela, para lo cual metodológicamente recurre a la etnografía desde una perspectiva multilocal con la perspectiva de mapear las relaciones virtuales y físicas que se gestaron en estas movilizaciones durante 2014 y 2017, así como las prácticas, sujetos y símbolos que se reproducen (Duarte, 2019:11). De este ejercicio académico es pertinente resaltar el mapeo de las formas de protesta, la interrupciones empíricas y los conceptos elaborados por la autora.
Frente al primer tópico, la autora evidencia doce tipologías de protesta que estuvieron presenten en el periodo analizado en Maracaibo a saber: (1) la concentración, (2) la marcha,(3) los campamentos que los estudiantes popularizaron en PdR, (4) las cadenas humanas, (5) vigilias y (6) rezos colectivos,(7) las caravanas, (8) los cacerolazos, (9) murales, (10) la música en la calle,(11) los pancartazos, (12) los volanteos. Estas formas de protesta se dieron en múltiples lugares, al tiempo y de manera escalonada durante el periodo analizado y fueron visibles o rastreables gracias a la existencia de las tecnologías digitales ya que el control del gobierno de los medios de comunicación no permitía ver este tipo de expresiones.
Con relación a las interrupciones empíricas propuestas por la autora, es pertinente destacar tres: la primera se relaciona con la necesidad de superar el esencialismo que ubica la protestas como positivo, liberador y que se mide en términos de fracaso o éxito, la segunda, tiene que ver con el lugar que tradicionalmente se le ha asignado al “voto”, como instrumento democrático que posibilita la canalización del malestar social; y la tercera, se refiere a los efectos evidentes que generan las redes sociales sobre los lugares y las prácticas de resistencia a propósito del análisis de la “guarimbas”.
Ahora bien, los principales aportes conceptuales de este trabajo se destacan tres términos “no lugar”, "imagenario" y "las relaciones online-offline"; para la autora el término “no lugar” no puede ser confundido como “un mundo mágico que existe solo en el interior de nuestros corazones” y concretamente lo liga a dos elementos: al internet debido a que allí se idean y reproducen una serie de prácticas ligadas a la resistencia que no pueden localizarse en un punto en términos estrictamente geográficos y a los cuerpos como lugares de expresión y lucha política (Duarte, 2019:30). El “imagenario” es entendido como ese poderoso repertorio audiovisual de cualquier momento o hecho en la ‘realidad’ de carne y hueso, donde se captura la protesta, el golpe en la cara, la bomba lacrimógena, pero también distintos sentires que constantemente pueden ser subvertidos: ejemplo que algo es violento o es necesario, que trancar tu calle y quemar cauchos sea algo destructivo y sin propósito a ¡ser el único recurso que tenemos contra este régimen que nos quiere matar lentamente! (Duarte, 2019:44).
Finalmente el concepto de "las relaciones online-offline" la autora se refiere a eso modos que hacen posible la transformación de espacios. “Aunque en este punto venía haciendo conexiones entre el timeline y el espacio “físico/real”, empecé a pensar que había otros no-lugares donde la protesta podía desarrollarse, y ritmos mucho más vertiginosos. Gracias a esto, en Venezuela durante estas coyunturas se dieron distintos modos de resistencia descentralizados, masivos y performáticos. Donde los cuerpos salen a la calle a la vez que se proyectan en las redes sociales para multiplicar esa operación”(Duarte, 2019:95).
EJE 4. EL MENSAJE O LA DEMANDA: LA SUBJETIVIDAD JUVENIL
"El enorme y diferencial poder de convocatoria de estos movimientos se debe a su capacidad para alterar una cuestión básica: cambiar la lógica de la “demanda”, por la del “mensaje”. La demanda instaura un interlocutor generalmente el Estado o, los poderes económicos; mientras que el mensaje se dirige a las personas, en un proceso creciente de interpelación. Se nos convoca a pensar, sentir, actuar en un mapa abierto de nuevas posibilidades.”
(Reguillo, 2015:10)
Arditi (2012) realiza un interesante análisis de fenómenos que vivía el mundo en la década de los 2000, particularmente los acontecimientos que se tejieron alrededor de la denominada “Primavera Árabe” y las movilizaciones estudiantiles en Chile. Como elemento central se destaca la utilización en extenso de la categoría “insurgencias” desde una óptica amplia, plural, que incluye performance políticos y donde se supera el concepto de movimiento o programa político con vocación de poder institucional.
Dentro de este trabajo, el autor intenta superar el debate sobre la fragilidad o falta de contundencia sociopolítica que se le atribuyó a las diferentes expresiones “insurgentes” de la época, para lo cual amplifica el sentido, la vocación, las características y motivaciones de todas estas movilizaciones; dejando claro que mientras las insurgencias buscan perturbar el statu quo, los programas quieren gobernarlo, desde óptica plantea, que lo propio de las insurgencias no es diseñar un nuevo orden, sino abrir posibilidades mediante un desafío de nuestros imaginarios y mapas cognitivos. Para ponerlo de manera ligeramente distinta, y quizá también más fuerte dado que va más allá de la discusión acerca de la presencia o ausencia de programas, la elaboración de políticas no es el momento más alto de las insurgencias, algo así como un indicador de que han alcanzado la madurez, de que dejaron de ser revueltas para convertirse en revolución. Es más bien una señal de que el activismo insurgente ha sido rebasado por la política habitual (el mainstream). No hay nada malo con que esto sea así, pero debemos tener muy claro que no es lo que caracteriza a la actividad rebelde.(Arditi, 2012:148)
Arditi amplifica el horizonte entendimiento de las insurgencias más allá de binarismo teóricos que miden en función del éxito o el fracaso el impacto de estas expresiones sobre los marcos oficiales de la política institucional, incorpora nociones cambio, expresión de rabia, pluralidad de tendencias, deseos de causar ruido e incomodar el statu quo; es decir la insurgencia supera los programas político y al igual que “las madrigueras de conejo del tipo de Alicia en el país de las maravillas, las insurgencias son pasadizos o portales que conectan el presente con la posibilidad de algo otro por venir…” (Arditi, 2012:153). En su conjunto, esta argumentación se convierte en un importante referente conceptual que amplifica las formas como se articulan, protestan y resisten las biografías juveniles.
Por otra parte, los diferentes trabajos de Rosana Reguillo son una clara apuesta política e intelectual por avanzar en el estudios de la biografías juveniles en los escenarios de precarización, mercado de riesgo y desconexión de los mecanismos de representación política oficial y sobre todo, se presentan como un ejercicio contundente de intervención/acción política. En su texto "Paisajes insurrectos, jóvenes, redes y revueltas en el otoño de 2017" realiza un tránsito por cuatro paisajes que permiten entre otras cosas:
entender la crisis y el declive del proyecto civilizatorio (paisaje 1), las políticas de lugar (paisaje 2), a partir del entendimiento que a) las insurrecciones surgen donde las personas experimentan perdida de potencia, b) donde hay acumulación de afectos tristes y c) donde de manera colectiva «plaza-deseo» ha sido posible nombrar —en colectivo— las fuerzas que minan los afectos. Adicionalmente Reguillo aborda las superficies de inscripción digital que permiten decodificar las expresiones del malestar contemporáneo (paisaje 3) a partir del entendimiento de tres elementos claves: a) El espacio público expandido, b) La acción conectiva y c) La «producción de presencia. En el ultimó paisaje, reflexiona sobre las pasiones políticas y los afectos enredados, haciendo hincapié zonas de intensificación afectiva (paisaje 4).
A lo largo de este trabajo la autora construye un serie de conceptos que complejizan el entendimiento de las subjetividades juveniles como los: anclajes de sentido, vectores de polinización, superficies de inscripción, espacio público expandido, acción conectiva, producción de presencia y acontecimiento. Todos este andamiaje conceptual en su conjunto se convierte en una especie de rompecabezas analítico, metodológico y político que ofrece múltiples rutas para abordar el estudio de las biografías juveniles.
Uno de los principales elementos que se destacan de este trabajo es el cambio de la demanda por el mensaje, refiriéndose justamente a que las subjetividades juveniles logran realizar una ruptura básica: “Cambiar la lógica de la “demanda”, por la del “mensaje”. La demanda instaura un interlocutor generalmente el Estado o, los poderes económicos; mientras que el mensaje se dirige a las personas, en un proceso creciente de interpelación…” (Reguillo, 2017:10)

SOBRE LA EXPERIENCIAS: ACERCÁNDONOS A LAS EXPERIENCIAS
Las experiencias identificadas en las redes digitales que sirvieron como punto de referencia para el inicio de este viaje tienen las siguientes características.

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